Partido Socialista de los Trabajadores de Argentina.

Bandera

Monumento


Donaldo David Molina

 

 

Secuestrado desaparecido el 07/01/79.

 

Este compañero era nacido en Córdoba, en el 68 su familia se estableció en Buenos Aires.

Donaldo acabado el Servicio Militar, se traslada al Sur en busca de trabajo y comienza su activismo sindical.

Por su compromiso político es marcado y perseguido, trasladándose en 1975 a Mar del Plata. Desde entonces trabaja indistintamente en la construcción o en el sector del pescado; al momento de su desaparición se desempeñaba como sillero, restaurando las fachadas y las medianeras de los grandes edificios Marplatenses.

Donaldo es secuestrado junto con su compañera Palmira  Sciuca (Adriana), en la vivienda que compartían desde hace poco.

Relata su papá en el pedido de hábeas corpus: “El domingo 7 de enero de 1979 a las veinte y treinta, mi hijo se encontraba en su domicilio de Rawson 5958 de Mar del Plata, cuando irrumpieron en su casa cuatro civiles armados que dijeron pertenecer a la Policía Federal y lo obligaron a acompañarlos esposado, partiendo con destino desconocido.”

Entre los días 03/01/79 al 08/01/79 fueron secuestrados 9 de nuestros compañeros: además de Donaldo David Molina, secuestraron a Ángel Alberto Prado, Norma Alicia Schippani de Sasso, Antonio Mario Sasso, Mario Germán Rodríguez, Ana María Rómoli, Palmira Sciuca de Ruiz, Julio Mártire Manza y Juan Antonio Rodríguez.

 

Mi querido hermano Donaldo:

Desapareció en Mar del Plata en un PH pasillo al fondo de la calle Rawson 5859, el 7 de enero de 1979 a las 20 horas; allí vivía con su pareja Adriana (Palmira Elvira Sciuca), enfermera en el Hospital de la Comunidad, madre de una hija de su anterior matrimonio, Daniela Elvira Ruiz de 7 años en esa época.

Donaldo fue el primer hijo de tres de Alejandro Donaldo Molina y María Luisa Cornejo. Nació el 9 de agosto de 1953 en Córdoba capital, yo un poco después el 25 de octubre de 1954. Mi familia en 1955 intentó radicarse en Capital Federal el mismo día del bombardeo en Plaza de Mayo, acción golpista que los hizo regresar. Cursó primero inferior a segundo grado en el colegio católico Taborín, en 1962 nació mi hermano menor; de segundo a sexto estudió en la escuela Pablo Julio Rodríguez en Córdoba capital, el primer año de la secundaria lo realizó en el colegio Dalmacio Vélez Sarsfield del barrio obrero de Ferreyra en  Córdoba.

La segunda llegada a Capital Federal aconteció en diciembre de1968, allí terminó la secundaria en el barrio de Caballito en la escuela nocturna Nacional de Comercio Marina Mercante, obteniendo el título en 1971 mientras trabajaba de cadete en una farmacia. En ese año debe hacer el servicio militar, le tocó como destino Azul. De ahí nunca volvió a vivir a la casa familiar, más allá de visitas de forma esporádica en dos o tres oportunidades. Terminada la colimba se va Ushuaia a lo de un primo que estaba en la armada; cuenta éste que Donaldo llegó a esta ciudad austral en un Hércules de polizón, es el día de hoy que se pregunta como pudo hacerlo. Trabaja de estibador donde llega a ser delegado, reclama para los obreros chilenos que descargaban de las bodegas bolsas de cemento muy rotas. Solicitaban que se les abone más por trabajo insalubre, que les entreguen leche y menos horas de trabajo.

Donaldo era un autodidacta ávido de conocimiento, podía desde chico abordar todos los temas, nada que ver conmigo, que buscaba en él todas las respuestas mientras me increpaba que en vez de informarme, leía Corin Tellado.

Le solicitaba habitualmente a mi padre el envío de libros, ejemplares de Hortensia y todos los diarios La Opinión. En esa época cuentan que estaba atento a una revolución en Portugal, en el primer tiempo en el sur duerme en una usina que vigilaba el primo porque no tenía donde quedarse hasta que consiguió una pensión.

Reproduzco una carta enviada por Donaldo a mi padre desde Ushuaia, fechada el 16 de noviembre de 1973:

“Hoy es viernes, son las tres menos cuarto, está lloviendo, el martes llega el barco. Mañana sábado y el domingo tenemos un operativo de trabajo voluntario (parece mentira ¿no?). Medra me dijo que vos querías saber si voy a ir y cuando, pero sucede que yo tampoco lo sé. Como ganas tengo un montón, pero posibilidades pocas. De pronto me pasa que la militancia que comencé porque me sobraba tiempo, hoy me absorbe todo el tiempo del que puedo disponer.

No quiero que creas que me considero un héroe o un mártir, lo que yo pienso es que el tiempo que podría utilizar en el hueveo, lo puedo utilizar en algo que puede resultar positivo.

Ahora lo que te voy a pedir es que consigas los números: 1, 2, 3, 4, 5, 11, 14 y 15 de Gobierno Peronista que edita el Consejo Tecnológico y todos los Descamisados y Militancia que consigas (por La Opinión no te preocupes más).

Bueno, saludos a todos y también para los vecinos un abrazo para ellos, medio abrazo para la tía y medio abrazo para repartir entre el Sapo y la Vicky (los hermanos) y para el chancho (el perro) más cosquillas en la panza.

Ahora voy a ver si lo veo a Medra por si quiere mandar algo.

¡Chau!, un abrazononón del cabezón, que aunque no les escriba tampoco los olvida.

Don”

 

Por su activismo es marcado, perseguido y debe irse para recalar en Mar del Plata hacia 1975. Trabaja mayormente en el pescado alternando en la construcción, aunque recién llegado trabajó en el puerto en la estiba. Cuenta mi hermano menor, Mario, que en oportunidad de visitarlo, lo acompañó a llevarle pescado a Los Jaivas que estaban escapando de la dictadura de Pinochet en Chile. Como obrero del filete trabajó en Morromar en Gaboto 5160 para junio de 1977, mientras que la empresa constructora Alv-ec-cc con domicilio en Rivadavia 3178 8º piso oficina 86 del ingeniero Antonio L. Vermal lo tuvo como empleado en el año 1976.

Cuando mi hermano desapareció militaba en el Partido Socialista de los Trabajadores liderados por Nahuel Moreno junto a Mario Germán Rodríguez, su amigo; eran los moscos como un grupo que formó León Gieco en sus comienzos. Así se llamaban, como ahora se dicen boludo, ellos se decían “que hacés mosco”. Siempre que visité centros clandestinos de detención buscaba en las paredes escrito ese apodo.

SECUESTRO Y DESAPARICIÓN

El segundo domingo de enero de 1979, a las 14 horas, fui a visitarlos, llevé noticias y algunos regalos, ya que yo había estado en Buenos Aires con mis padres para las fiestas. No solíamos vernos seguido y como soy muy reiterativa, cada vez que nos juntábamos le recriminaba que no iba a ver a los viejos, él nunca se hacía cargo.

Charlamos un rato y me ofrecí para llevar a la nena, Daniela, a pasear, a lo que accedieron todos contentos. Adriana (así se hacia llamar mi cuñada) me pidió que la dejara en lo de su mamá al regreso, así no tenía que levantarla a las 6 de la mañana, que era lo que hacía cada día para después ir a trabajar al Hospital de la Comunidad donde era enfermera. Vivían en pareja con mi hermano hacia más o menos un año.

No recuerdo por donde anduvimos con Dani, pero como a las 19 horas la dejé en lo de su abuela en el barrio El Martillo y volví a mi casa en Belgrano y Dorrego. Me avisan que me había venido a buscar un pibe varias veces; como a las 20:30 horas regresa, era el contacto del partido, Luis del PST que al no conocer el domicilio de mi hermano, me manda que le avise inmediatamente que se vayan de la ciudad, pues se habían llevado a varios compañeros, entre ellos a Mario Germán Rodríguez. 

Cuando llego al departamento toco el timbre y nadie sale, golpeo y sale la dueña de casa que vivía al frente. Me cuenta que su hija de nueve años había ido a entregarle el recibo de alquiler y aprovecharon para entrar tras ella diciendo que eran de la policía federal. Estuvieron poco tiempo y se los llevaron a Donaldo y a su compañera. Le pregunto si puedo entrar, me dice que sí, que había quedado abierto y que ellos ni se asomaron. Cuando entro observo que está todo, solo algunas sillas caídas pero nada revuelto; busco los documentos pero no los encuentro. Decido sacar lo que puede incriminarlos, junto los diarios del partido, los discos (que ingenuidad la mía), me los llevo y salgo a la calle. Veo que se acercan unos autos, me escondo en el jardín de la casa vecina, eran tres coches comunes, el último era un Renault 12; bajan por lo menos tres de cada vehículo, son figuras delgadas, de unos 20 a 25 años no más, de cabellos cortos, de civil y con mocasines. Al rato, no sé cuanto tiempo transcurre, salen cargando en todos los autos bultos y se van. 

Vuelvo al departamento para descubrir que se habían llevado todo como pirañas, ratas, las cosas de la cocina, la ropa de ellos y de la nena también.

Vuelvo a mi casa, me contacta otra vez Luis. Le comento todo, le digo que voy a avisarle a mi papá. Me aconseja que no viaje de noche, ya eran las 24 horas, que no me quedara en la casa donde vivía. Esa noche la paso en un hotel en La Perla por la calle Balcarce. Apenas amanece viajo a Buenos Aires, mi papá inmediatamente se instala en Mar del Plata y yo me quedo en Ituzaingo. Otra vez veo a Luis pero en la estación de Haedo y me sugirió que no regresara a Mar del Plata.

LA BÚSQUEDA

Mi padre presentó el habeas corpus y la denuncia en el juzgado federal, lo que dio lugar al expediente 1292. Se conectó con familiares donde le dieron una lista para enviar la denuncia de la desaparición. 

Se compró una máquina de escribir, mandó cartas a todo el mundo (tengo las copias) y varios le respondieron. En 1979 cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos estuvo en el país hubo un halo de esperanza, nos encontrábamos haciendo la cola para dejar la denuncia; en todos los negocios habían pegado calcos con la leyenda “los argentinos somos derechos y humanos”, también pasaban autos con esos adhesivos. Ese día decidí que no me iba esconder y regresé a Mar del Plata mientras mi viejo seguía reenviando cartas pidiendo por la aparición de mi hermano.

En 1982 le toca la colimba a mi hermano menor Mario en Córdoba. A mi padre se le ocurre, ya que todos los  días iba al ministerio a pedir audiencia a Harguindeguy y nunca se la concedían, llevarse un banquito plegable y sentarse en el pasillo a esperar que faltara alguien a alguna y así poder ser atendido. Lo hizo por varios días, le decían que no podía estar allí y el sumisamente les pedía que se lo permitieran, que quería saber de su hijo, que el ministro era el único que lo podía ayudar. Imagínense a mi padre con sus 1,85 de altura y 160 kilos de puro negro mansamente esperando. No sé por cuanto tiempo lo hizo, pero un día apareció un policía que vivía por nuestro barrio y era de la seccional de Ituzaingo, quien le dijo: “esto es solo un aviso que me mandaron para vos, dejate de joder con ir al ministerio, acordate que tenés una hija en Mar del Plata y un hijo en Córdoba.” Por supuesto, no fue más.

Cada navidad o día de la madre eran fechas que nos llenaban de esperanza y soñábamos que lo dejarían libres a los dos. El 30 de abril de1984, mi padre con 54 años de edad parte a juntarse con Don, en el paraíso (si es que existe) y ahora a diestra y siniestra están mis Molina preferidos, tomándose unos buenos tintos.

Norma Silvia Molina.